La historia de Liliana Patricia García Villamil es un retrato de perseverancia. Madre de Geral Sofía, de 20 años, y Tomás Elías Herrera García, de 12. Liliana ha construido su proyecto de vida alrededor de la palma de aceite, primero desde lo administrativo y luego desde la finca propia que hoy defiende como legado familiar.
Inició su trayectoria laboral en el sector de la palma trabajando en distintos núcleos productivos, primero como secretaria del grupo Daabon y posteriormente con otras empresas y asociaciones. Durante 12 años, hasta 2008, su experiencia se desarrolló en el ámbito administrativo. Ese año decidió dar un paso definitivo: convertirse en palmicultora. Su meta siempre estuvo de la mano de sus proyecciones y deseos hasta materializar el sueño de tener su propia finca.
Con disciplina y una mentalidad ahorradora, Liliana fue comprando poco a poco lotes de tierra, hasta el fallecimiento de su abuela, el cual marcó un punto clave en ese proceso, ya que la herencia que recibió la invirtió en adquirir las partes faltantes del terreno, el cual terminó consolidando su futuro productivo y los cimientos de su finca Vayan Viendo.
Sin embargo, tras más de una década de trabajo en el cultivo, en 2021 la llegada de la pudrición del cogollo (PC) comenzó a amenazar su cultivo y el de muchos productores de la región. Lejos de rendirse, Liliana decidió apostar por la renovación y hoy se encuentra, desde hace un año y ocho meses, en un proceso de transición hacia el cultivo híbrido, con labores de polinización.
El proyecto de Liliana no se limita al presente. Su mirada está puesta en el futuro y tiene nombre propio: Tomás Elías Herrera García, su hijo menor. A sus 12 años, Tomás es el relevo generacional que ella presenta con orgullo. Es un niño solidario, con una temprana conciencia social.
Una de las cosas que señala Liliana es su deseo que su hijo siga cultivando el campo. Quiere que siga transformando sueños y que continue de la mano con los gremios y en la federación. De este modo, y en palabras de la misma Liliana: “podrá impulsar a los padres de sus compañeritos para que se mantenga en el cultivo de la palma, que es lo mejor que hay en el momento”.
Actualmente, Liliana deposita su confianza en Fedepalma, Cenipalma y su núcleo Palmaceite, puesto que recibe el acompañamiento, el apoyo técnico y los nuevos conocimientos para mejorar la producción de su cultivo. Finalmente, hace un llamado a sus colegas productores para no abandonar el cultivo, puesto que considera que la palma sigue siendo un proyecto de vida que ofrece estabilidad, no solo económica, sino también emocional.